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La Coctelera

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21 Julio 2011

Seis poemas de Charles Simic [Versiones: MMF]

ESPEJOS A LAS CUATRO DE LA MAÑANA


Debes acercarte a ellos oblicuamente

En cuartos enmarañados de sombras,

Echar un vistazo a su vacío

Sin que te descubran

Y devuelvan la mirada.


El secreto es

Que para ellos hasta una cama desierta resulta una carga,

Una mera vanidad.

Son más ellos mismos con

La compañía de una pared en blanco,

La compañía del tiempo y la eternidad,


Que, ruego me disculpes,

No arrojan ninguna imagen

Al admirarse en el espejo,

Mientras tú permaneces a un lado

Y extraes un pañuelo

Para secarte la frente con gesto furtivo.



EL TEMA DE EMILY


Mis árboles queridos, ya no los reconozco

En esta luz invernal.

Me han recordado algo de lo que no puedo prescindir:

El mundo es viejo, siempre lo ha sido,

Nada nuevo ofrece esta tarde.

El jardín podría haber sido la ventana cerrada

De una casa de empeños que yo escrutara

Sólo para encontrar objetos empolvados.


Cada uno de mis pensamientos era escrito

Por autores anónimos. Cada vez que pulsaban

La tecla de una máquina entelarañada yo me estremecía.

Hoy, por fortuna, la oscuridad llegó rápido.

Pronto los vecinos quemaban hojas,

Y quizá también algunas otras cosas.

Después vi a los niños correr en torno del fuego,

Sus rostros diabólicos por las llamas.



MI MAGO


Alguien me sacó de la manga de un esmoquin,

Doctor, colgando en precario equilibrio

Al final de una enorme bufanda blanca.

Revoloteé alrededor de mi mago.

Volé en círculos por el teatro silencioso.


Los sábados a las nueve y a medianoche

Él me partía a la mitad

Mientras yo yacía en el ataúd

Junto a mi novia desnuda.

Nunca le pude ver el rostro

Ni cuando el aplauso estallaba.


Bajo su sombrero conteníamos la respiración.

Éramos dos muñecos casi gemelos que nos

Turnábamos para sentarnos en su rodilla.

Entre dientes de madera

Hablábamos de Dios Padre.

Desaparecíamos luego en una baraja.


Nos sentíamos asustados y felices.

Un momento él tragaba fuego

Y al siguiente lo escupía

Para que nosotros montáramos la extensa llama

Como un carruaje hacia el ocaso.


Entre truco y truco me hallaba en un limbo

Que no podía imaginar:

No en este mundo con su oso encadenado

Y su espejo mágico,

No en el otro

Donde las nubes blancas flotan y las ovejas pastan.



LO QUE LAS GITANAS REVELARON A MI ABUELA CUANDO AÚN ERA JOVEN


La guerra, la enfermedad y el hambre te harán su nieta favorita.

Serás como el ciego que ve una película muda.

Picarás cebolla y trozos de corazón en la misma sartén caliente.

Tus hijos dormirán en una maleta atada con sogas.

Tu esposo te besará cada noche los pechos como si fueran dos lápidas.


Ya vuelan los cuervos por ti y por tu gente.

Tu hijo mayor yacerá con moscas en los labios sin sonreír ni alzar la mano.

Envidiarás a cada hormiga que conozcas en la vida y a cada maleza al lado del camino.

Tu cuerpo y tu alma se sentarán en postes separados mascando el mismo chicle.


“Bella muchacha, ¿estás a la venta?”, dirá el diablo.

El sepulturero comprará un juguete a tu nieto.

Tu mente será un nido de avispas aun en tu lecho mortuorio.

Le rezarás a Dios pero Él colgará un letrero que diga “Favor de no molestar”.

No preguntes más: es todo lo que sabemos.



ANOCHECER INVERNAL


Estos presentimientos que tengo son escalofríos

Por la forma en que la luz

Pinta manchas de sangre en el muro de la casa.

Temo confiar en el gorrión,

Procuro evitar al gato.


El destino te señala desde temprana hora

Con dedo perspicaz

Para luego ocuparse de la utilería

Y pintar el escenario.


La ventana de mi amada estaba en llamas

Por el crepúsculo.

Su pelo era rojo.

La almohada que mecía en sus brazos

Parecía un bebé.


Callado como un mendrugo de pan,

Permanecí inmóvil y observé.

A mi alrededor las aves habían enmudecido.

Y entonces las nubes,

Al igual que la noche,

Agitaron sus trágicos ropajes.



FANTASMAS


Es el señor Brown: luce mucho mejor

Que en la morgue.

Me ha traído una enorme carpa

Envuelta en periódico ensangrentado.

Qué extraña visita.

No había pensado en él durante años.


Lo acompañan Linda y Sue.

Dos recuerdos pálidos, elegantes y borrosos

Tomados de la mano.

Aun su lápiz labial está fresco

Pese a todas las pruebas científicas

Que demuestran lo contrario.


¿Cocinará Linda el pescado?

Ella voltea y mira hacia

La cocina mientras Sue

Se empeña en verme con tristeza.

No creo nada de lo que sucede,

Y sin embargo siento terror.


No sé cómo reaccionar,

Así que permanezco inmóvil.

Las ventanas están abiertas. El aire es denso

Por el olor a magnolias.

Gotas de lluvia nocturna caen

De las hojas pesadas y oscuras.

Inhalo profundamente; cierro los ojos.


Queridos espectros, ni siquiera creo

Que estén aquí, ¿así que cómo es que

Me hacen comprender

Cosas que sería mejor que aún no supiera?


Es el modo en que miran a través de mí

Hacia lo que debe ser ya mi propio fantasma,

Antes de que se vayan,

Tan inesperadamente como llegaron,

Sin que ninguno de nosotros rompa el silencio.


[Poemas incluidos en el libro Walking the Black Cat, Mariner Books, Nueva York, 1996. Fotografía de Peter Gregoire]

Tags: traducciones

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Ciudad de México, México
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Mauricio Montiel Figueiras (1968) es narrador, ensayista y traductor mexicano. Entre sus libros más recientes se encuentran "La penumbra inconveniente" (2001), "La piel insomne" (2002), "Terra cognita" (2007), "La brújula hechizada. Algunas coordenadas de la narrativa contemporánea" (2009) y "Paseos sin rumbo. Diálogos entre cine y literatura" (2010). En Twitter: @Elhombredetweed.

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